25 de marzo de 2026
Por Alejandra Salgado* con la colaboración de Yaily Castillo (AMPB) y Hero Aprila (BPAN).
En un contexto de creciente presión sobre los territorios indígenas y criminalización de personas defensoras, el Movimiento de Juventudes de la Alianza Global de Comunidades Territoriales (AGCT) se consolida como una fuerza política activa. Su papel es estratégico: conectar lo local con lo global, amplificar las voces de las comunidades y fortalecer la acción colectiva desde la solidaridad.
El Encuentro Anual de Planificación de la AGCT, realizado en febrero en Panamá, marcó un momento de balance a casi diez años de la creación de la Alianza, con las juventudes organizándose, con visión, demandas y estrategias propias.
“En estos XNUMX años se ve el avance del movimiento más maduro, más robusto, con un enfoque más claro de lo que se quiere y del rol que tienen las juventudes dentro de la Alianza” señala Yaily Castillo, del movimiento de juventudes de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB).
La consolidación del movimiento a nivel global y regional es uno de los principales avances identificados. Lo que comenzó como presencia desarticulada de jóvenes en espacios internacionales ha evolucionado hacia procesos organizativos más estructurados, como articulaciones regionales, hojas de ruta, encuentros de aprendizaje y desarrollo de iniciativas propias.
Este fortalecimiento no ha sido homogéneo, pero sí profundamente significativo y cada vez más visible en los territorios. En 2025, cada región ha avanzado según sus contextos políticos, organizativos y culturales.
La Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), por ejemplo, tuvo su primer encuentro juvenil, mientras que la Red de Poblaciones Indígenas y Locales para la Gestión Sostenible de los Ecosistemas Forestales de África Central (REPALEAC) pudo promover un primer espacio de articulación e identificar prioridades comunes de juventudes de la cuenca del Congo.
La Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) viene avanzando en el fortalecimiento de su coordinación de juventudes hacia procesos clave, como su Congreso en 2027, y la AMPB ha impulsado procesos concretos como el primer campamento regional de juventudes, donde se trabajó en una hoja de ruta y reglamentos internos, y la Escuela Mesoamericana de Liderazgo, que consolida su labor de formación territorial propia.
En Indonesia, el Frente de Jóvenes Indígenas del Archipiélago Indonesio (BPAN por sus siglas en indonesio) se destaca como referente por su trayectoria organizativa. Su experiencia incluye iniciativas como el Homecoming movement, para revertir la migración de jóvenes indígenas, y la articulación regional en el Sudeste Asiático.
Estos procesos evidencian una tendencia clara hacia el fortalecimiento organizativo de las juventudes, en la cual la fuerza del movimiento global crece desde la solidez, organización y vitalidad de sus bases territoriales y regionales.
El movimiento de juventudes ha crecido echando raíces en su propia fuerza, contando en el camino con el acompañamiento de aliados. TINTA ha jugado un rol constante en facilitar el intercambio virtual y presencial, promoviendo procesos de aprendizaje y espacios de articulación entre juventudes de distintas regiones lo que ha contribuido a fortalecer las capacidades y a apoyar el desarrollo del movimiento.
Sin embargo, persisten retos importantes. Uno de los principales es la diversidad de realidades entre regiones, que exige enfoques diferenciados y metodologías adaptadas a contextos donde, por ejemplo, el acceso a recursos como el internet y otras tecnologías digitales varía significativamente. También es necesario fortalecer capacidades técnicas, mejorar mecanismos de vigilancia entre la realidad de los territorios y la acción global, y garantizar financiamiento específico para juventudes..
Otro reto central es el reconocimiento del rol de las juventudes dentro de las propias organizaciones, ya que persisten percepciones que limitan su participación. Frente a esto, las juventudes han desarrollado estrategias más sólidas de incidencia, comunicación y posicionamiento, como la producción de documentos, propuestas y agendas para sostener sus demandas en espacios de toma de decisión.
Sobre todo, el encuentro del pasado febrero reafirmó que el trabajo de juventudes es una dimensión estructural de la continuidad del movimiento territorial. Con relevo generacional, fortalecimiento de las bases y formación de nuevos liderazgos, se amplían las posibilidades para sostener la gobernanza territorial y las instituciones comunitarias que protegen los territorios y la biodiversidad.
Hero Aprila, presidente del BPAN, así lo resume: “Los jóvenes deben enfocarse en cuidar sus comunidades y territorios. Porque los problemas nacen ahí. Si esas voces no llegan al nivel global, no serán escuchadas.”
“No podemos dejar que la criminalización y la invasión de territorios ocurran de manera aislada. Debemos mantenernos unidos para defender los derechos de los Pueblos Indígenas, de las comunidades locales y de las nuevas generaciones” añade.
Mientras que los desafíos del Movimiento de Juventudes de la AGCT evidencian la complejidad de construir un movimiento verdaderamente global, arraigado en las realidades territoriales, los avances dan cuenta de una generación que no solo busca participar, sino sostener, renovar y proyectar el futuro de sus pueblos y territorios.
Lo que está en juego es la continuidad misma de los sistemas de vida que sostienen algunos de los territorios más biodiversos del planeta. Y en ese camino, las juventudes ya están marcando el rumbo.
* Alejandra Salgado es la responsable del programa de aprendizaje y colaboración de TINTA.